Archivos para 21 julio 2009

¿Por qué tienes esa cara?

No, no me refiero a la cara con la que le tocó nacer a cada uno si no la cara que ponemos cuando no estamos de acuerdo, nos desagrada algo o alguien, no queremos ver reducido nuestro liderazgo en el trabajo o como padres de familia, etc.

 

La gente puede saber que estamos sintiendo y pensando por los gestos que nuestra cara dice, ya que ésta actúa como filtro por el cual nuestras verdaderas intenciones se evidencian a los demás.

 

El tema de Lenguaje corporal es un tema inexplorado en México y en la mayoría de los países del mundo, y se ha prestado a que las personas lo mitifiquen y lo malinterpreten.

 

Su estudio y correcto análisis requiere de un gran poder de observación pero también de estudios para comprender cuál es el mensaje total que se comunica voluntaria o involuntariamente a los demás. En muchos casos se hace más de manera inconsciente que consciente lo cual ocasiona que la respuesta sea de rechazo hacia nosotros.

 

Voy a poner un ejemplo para ilustrar más claramente lo anterior:

 

Imagina que vas al banco y te atiende un joven cuya cara tiene el ceño fruncido. De entrada en menos de siete segundos, habrás pensado, ese joven está enojado por algo. Sin embargo, además de eso no tiene contacto visual contigo, no te sonríe y tamborilea los dedos en la mesa.

 

La imagen resultante de este encuentro que queda almacenada en tu mente es la de un joven que no tiene actitud de servicio, no le gusta trabajar, o tuvo algún problema personal que lo evidencia a través de su lenguaje corporal, está ansioso y quiere que llegue su hora de salida. Sin embargo, este joven no solamente daña su imagen personal si no la imagen del lugar donde trabaja.

 

Si ésta es la imagen de sólo una persona la situación no es tan grave como si fuera de todos los colaboradores que tienen contacto con clientes, sus jefes, el gerente, directivos o hasta el presidente de la compañía. Si, sobretodo, éste último no conscientiza y controla su lenguaje corporal, seguramente menos será el interés y menos lo harán quienes son sus subalternos.

 

¿Por qué tienes esa cara? Nunca había sido tan interesante este tema como en la actualidad, cuando los directivos de las compañías se empezaron a dar cuenta que no sólo bastaba tener una certificación ISO en calidad sino también contar con colaboradores brillantes cuyo servicio fuera de primer nivel.

 

Seguramente, después de leer este artículo, pensarás mejor la próxima vez que cara ponerle a los demás.

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Tu voz es tu imagen

Vaya conflicto de aquel Gerente de ventas que por su informal modo de vestir, comportarse y hablar, dejó tan mal parada a la empresa que representa que hoy en día nadie quiere saber nada de ésta.

 

Estando yo ahí presente “de infiltrado” con un grupo de clientes, observo sus caras de molestia, así como sus posturas erguidas y tensas, sus brazos y piernas cerradas, y cómo miran con insistencia y ansias el reloj mientras el Gerente de ventas expone su presentación. La evidencia de hartazgo y de que las cosas no están nada bien de los presentes es más que clara.

 

Este Gerente de ventas tuvo una serie de errores de imagen pero tuvo dos que resultaron graves: ver a los demás con mirada profunda y retadora, y hablarles con volumen de voz alto.

 

Éstos errores son producto de la inconsciencia y, quizá, apatía por reconocer y controlar mejor las actitudes que dañan su imagen personal y profesional. Lo grave del caso es que las personas pueden pensar: Si así es el gerente de ventas, ¿Cómo será su fuerza de ventas?

 

Con la voz expresamos seguridad y confianza pero, también, podemos comunicar nerviosismo o agresión, intimidar o influir en los demás. La voz refleja rasgos de nuestra personalidad así como nuestros verdaderos sentimientos y emociones.

 

Usarla a un volumen alto en un espacio cerrado no es lo ideal. Es lo mismo que ocurre cuando alguien nos aprieta demasiado la mano al saludarnos o cuando vemos a alguien comer con la boca abierta.

 

Nuestra voz debe tener volumen, dicción, modulación y un tono que sea agradable a los demás, y de ser posible nunca perder de vista el lenguaje del cuerpo de las personas a quienes les hablamos, ya que éste nos indica si vamos por buen o mal camino durante una negociación.

 

De igual modo debemos procurar “comernos” las muletillas, ya que hablar con ellas evidencia nuestra pobreza de lenguaje y bajo nivel cultural, especialmente, si alguien es directivo o gerente de una empresa. No es justo que por una o más personas se formen una imagen pública negativa de toda la empresa porque algunos “carecen” de vocabulario más amplio.

 

Usar la voz como herramienta para lograr ventas extraordinarias es un excelente aliado no sólo de una imagen personal sino también de la empresa que se representa. Emplearla con un tono amable y cortés cuando estamos frente a un cliente, al hablar por teléfono o, incluso, al escribir un correo, puede ser determinante en la aceptación o el rechazo de un servicio que se ofrece.

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Palabras desafortunadas en detrimento de una imagen

Resulta increíble que personas con inteligencia sobresaliente, no sean capaces de controlar sus palabras. Tal vez por ser demasiado temperamentales y no saber controlar sus emociones, el resultado es un profundo daño a su imagen personal. ¿Qué actitudes debe asumir una persona así, que le permitan reposicionar su imagen? Acompáñeme a descubrirlo.

 

 

Vivimos en un mundo lleno de percepciones más que de realidades. En tan sólo siete segundos, te formas una imagen positiva o negativa de una empresa, producto, servicio o persona, y esa representación mental que tienes en la cabeza, es la que corresponde a tu realidad y, por lo tanto, es verdadera para ti.

 

Este proceso de construcción de imagen que inicialmente es inconsciente, posteriormente se hace consciente cuando volvemos a tener contacto con la persona, empresa, producto, etc. Y mientras más repetitivos sean estos mensajes se hará más real y verdadera una imagen pública acerca de algo o alguien.

 

Por ejemplo, acabas de conocer a una persona que te impresionó por su inteligencia. Segundos después tu cerebro se forma una imagen pública en donde relacionas esa cualidad que viste, con otras. Esto no quiere decir que necesariamente las cualidades que tú imaginaste, esa persona las tiene. Sin embargo, cuando vuelves a estar en contacto con esa persona, y te diste cuenta que efectivamente es muy inteligente, pero sus palabras contradicen la imagen pública positiva que te creaste de el/ella.

 

Las palabras desafortunadas que usa una persona, generalmente, hablan de la personalidad y carácter de esa persona. Es un espejo de lo que trae su corazón y mente. A través de ellas, deja ver que tan paciente, profesional, honesta, confiable y agradecida, por mencionar algunas características, es.

 

Cuando existe una incoherencia entre la imagen que ves en una persona, como su sonrisa, apariencia personal, sus palabras, y la que no ves, como su humildad, confianza, seguridad, amistad, etc.; es cuando una imagen pública es inefectiva.

 

En lo personal, me he enfrentado con directivos y profesionales muy inteligentes pero sus palabras me han dejado ver a seres humanos déspotas, prepotentes y engreídos. Sus actitudes más recurrentes son las de humillar a otros, levantarles la voz, insultarlos, hacerlos sentir siempre mal, con lo que se ganan el desprecio y el rechazo de los demás.

 

Dice una frase que el más grande anhelo del hombre es verse aceptado, mientras que su más grande miedo es verse rechazado. Y muchos, pareciera, que olvidan que la inteligencia también es cuestión del manejo efectivo de sus sentimientos y emociones.

 

Toda persona cuyas palabras, cada vez que abre la boca, son desafortunadas y ya se ha dado cuenta de ello, y desea reposicionar su Imagen Pública, debe saber que la clave de esto, está en el conocimiento de su persona. Si estás en esta situación, contesta de forma personal las siguientes preguntas: ¿Quién soy yo?, ¿Qué pienso de mí?, ¿Quién soy para los demás?, ¿Qué piensan los demás de mí?

 

Aunque parezca algo muy sencillo, en realidad, hacer el anterior ejercicio es un trabajo bastante complejo. Siempre será más fácil ver lo que el otro hace mal, que reconocer que hace uno mal.

 

Una vez que ya lo conociste, debes preguntar a los demás, sobretodo, personas que tienen contacto seguido contigo, que percepción tienen de ti. De los resultados esta investigación, se diseña entonces una estrategia que te permita cambiar la Imagen Pública que tienen de ti. 

 

Cuando tienes compromiso y convicción por el cambio, y demuestras que quieres ser otro a través de hechos concisos que evidencien que asumes actitudes más positivas y tus palabras lo respaldan, entonces, lograrás que los demás te acepten.

 

Mucho cuidado con las palabras y declaraciones que empleas a diario. No permitas que empañen tu Imagen Pública.

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¿El lenguaje del cuerpo es fácil de interpretar?

Mucho se ha dicho en torno a este tema y tristemente se sigue menospreciando su importancia, ya que erróneamente se considera que el lenguaje del cuerpo es intuitivo y su capacitación no es necesaria.

 

Es tan grave afirmar que el lenguaje del cuerpo es fácil de interpretar que es como si se considerara que el español, por ser nuestra lengua de origen, no necesitamos estudiarlo.

 

Comúnmente, la comunicación no verbal es mal interpretada al observar y analizar sus señales de manera aislada, así como entender el entorno en que se usa. Por lo tanto, no es lo mismo hacer una señal de victoria en México que en Francia, o una señal de ok! en nuestro país que en Brasil o en Turquía.

 

En una plática que tuve hace unos días con un amigo que se dedica a las ventas, me comentaba que no entendía por qué no vendía como él quisiera, si ha tomado varios cursos de ventas y negociación, y el producto que vende es muy atractivo. Le comenté que quizá no estaba haciendo bien las cosas, que algo le faltaba –y por su lenguaje corporal e imagen personal eso era evidente-

 

Es como decía Michael Jordan: “Existen siempre buenas y malas manera de hacer las cosas, pero si la técnica es equivocada, todo está mal”

 

Pues es así como el Lenguaje del cuerpo es también una técnica que a los que se capacitan en esta área pueden desarrollar la capacidad de concientizar su lenguaje corporal y analizar el de los demás.

 

Imagina que vas a vender algo y tu cliente está indeciso. El lugar en donde se encuentran se escucha mucho ruido y es frío. Tu cliente se siente incómodo y ahí es cuando deberías saber leer lo que está pasando a través del lenguaje del cuerpo y qué podrías hacer para que no se te caiga la venta.

 

Tengo una amiga que es muy guapa y atractiva, incluso, pareciera que no debe esforzarse más por conseguir lo que quiere, pero su lenguaje corporal lo maneja hacia la seducción y luego se siente incómoda y molesta porque el cliente busca algo más que una relación profesional con ella. Un ejemplo de enviar mal el mensaje por desconocimiento del tema de lenguaje corporal.

 

Otro caso es el de un amigo cuya postura siempre es jorobada, es tímido, siempre se sonroja de todo, su imagen personal es descuidada aunque no se combina mal. En pocas palabras, proyecta una imagen de flojera y apatía con la que “ahuyenta” a sus clientes. Aunque es muy joven, no le interesa el tema de la imagen y es muy cerrado a conocer más de esto.

 

Hay también casos de personas que tienen un buen conocimiento del tema y lo usan de forma efectiva aunque hay aspectos de lenguaje corporal que les hace falta pulir.

 

Lo importante, finalmente, es entender que el estudio del lenguaje del cuerpo no podemos dejarlo de lado, mucho menos pensar que es intuitivo. Improvisar con el lenguaje del cuerpo desconociendo el significado de sus mensajes equivale a ser una empresa declarada en bancarrota.

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Las emociones y su impacto en la Imagen Pública

Muchos casos de personas con Imagen Pública han sido, en gran parte, exitosos, gracias al manejo inteligente de sus emociones. Cuando uno está bien y se siente bien, es capaz de comunicarse mejor con los demás; comportarse dejando una excelente impresión; poner más atención en su vestimenta y elegir la adecuada; así como tener un lenguaje del cuerpo natural y coherente con sus sentimientos. Veamos qué emociones negativas son las que más dañan una Imagen Pública.

 

 

Como colaborador que fui y, ahora, como proveedor de servicios de consultoría y capacitación en Imagen Pública que soy, he observado como, en las empresas, los integrantes manejan sus emociones positivas y negativas.

 

Las emociones son espontáneas y dejan al descubierto con el comportamiento, vestimenta que se elige, palabras y lenguaje corporal, la verdadera Imagen Pública de las personas; y cómo se sienten con su vida. Los sentimientos, en cambio, son emociones que desencadenan un estado emocional permanente.

 

He visto a personas con objetivos personales y profesionales bien trazados en su vida, y que saben qué es lo que quieren; se esfuerzan por manejar y controlar mejor sus emociones. Una gran diferencia que les permite destacar profesionalmente por encima de otros.

 

Sin embargo,  he visto a algunos, sobretodo, aquellos que asumen actitudes soberbias y se comportan en las empresas como si estuvieran en un campo de batalla, que no han logrado entender que la gloria –si es que eso lo que buscan- se gana siendo inteligentes emocionalmente hablando y logrando que los demás tengan una opinión positiva de ellos, y no imponer su autoridad y manipular a otros.

 

Las emociones tienen un impacto del 80% en la imagen personal, por eso, en la mente debe haber un pensamiento positivo acerca de nosotros, pero, desgraciadamente, muchas veces no es así.

 

En la siguiente tabla, enumero las emociones negativas –entiéndanse como actitud interior- y cómo afectan una imagen pública al permear en su actitud verbal, actitud profesional, actitud en la vestimenta y lenguaje corporal:

 

 

Act. interior

Act. verbal

Act. profesional

Act. vestimenta

L. corporal

 

Depresión

Dicción lenta y comunicación difícil de entender.

Etiqueta descortés en teléfono, correo electrónico y celular.

Cabello y/o barba sin cuidado; sin maquillaje.

Saludo de pescado; movimientos lentos y postura jorobada.

No sonríe.

 

Ansiedad

 

Dicción acelerada. Cambio involuntario de palabras por otras.

 

Poca cortesía en espacios cerrados.

 

Ropa sucia y/o mal planchada; zapatos sin bolear.

 

Movimiento rápido de brazos y piernas; postura semi-recta.

 

Miedo

 

Habla temblorosa; uso de pocas palabras.

Tratamiento a los demás sin cuidado; mal manejo de tarjetas de presentación.

Combinación rara en colores; cabello maltratado; uñas sucias y/o largas.

Saludo de “princesita”; gestos rígidos; nulo contacto visual.

Ira

 

Dicción muy rápida y palabras fuera de lugar; comunicación agresiva.

Ausencia de buenos modales; les habla a otros de “tu” cuando, por cortesía, no es correcto.

Abuso en colores obscuros; nudo mal puesto; camisa arrugada.

Cejas levantadas; cara rígida; caminar rápido y con pasos amplios.

Culpa

 

Discurso defensivo; dicción con ritmo de medio a lento.

 

Cortesía excesiva y fuera de lugar; trato con los demás muy cuidadoso y con poca naturalidad.

Preferencia, en exceso, por colores claros; uso de accesorios pequeños; nulo maquillaje.

Ceño fruncido; ausencia de sonrisa; caminado lento y saludo de “pescado”

 

 

Como te puedes dar cuenta, las emociones son las grandes responsables del éxito o fracaso de la Imagen Pública de las personas. Del manejo efectivo e inteligente de las emociones, dependerán muchas oportunidades que, probablemente, no lleguen cuando lo deseamos pero si llegarán en el momento preciso.

 

Aprender a controlarlas y desarrollar nuevas capacidades con los beneficios que ofrece la Imagen Pública, garantizará el éxito de quienes siempre ven más allá por su futuro profesional.

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Las actitudes “clásicas” del mexicano

Atención: el siguiente artículo no pretende hacer una crítica juiciosa de los mexicanos, porque yo también lo soy. Este artículo parte de la observación, haciendo un análisis de nuestras actitudes, desmenuzando aquellas que normalmente se asumen en instancias clave de la vida y que comunican al mundo las actitudes clásicas del mexicano.

En artículos pasados, comenté que las actitudes que se asumen ante las circunstancias de la vida es nuestra imagen ante los demás. Es la Imagen pública que los demás ven en nosotros, y con la cual nos “etiquetan” con base en una cualidad o un defecto que sobresale de nuestra personalidad. Por eso, debemos poner especial atención a las siguientes cuatro actitudes clásicas que veo en el mexicano:

La primera de ellas se refiere a la autoimagen que tienes y que habla de tu nivel de estima, así como los tipos de recuerdos que gobiernan tu vida, rachas de alegría, de frustración o de miedo. Muchas personas crecen con una autoimagen negativa de si mismos y en su cabeza están presentes los momentos más tristes y oscuros de su vida como un rompimiento amoroso, el fracaso en un negocio o un despido.

La segunda de ellas se refiere a la expectativa que tienes de las cosas, es decir, lo que esperas te va a suceder. Por ejemplo, un proyecto muy grande e importante que nunca antes hayas hecho te puede dar miedo, pero si piensas que vas a fracasar, pues fracasarás. La sombra del fracaso está presente para quienes la buscan ¡Al diablo con el fracaso!. No minimices tus triunfos y éxitos, encontrándole siempre “tres pies al gato”, o adjudicando todo lo que te pasa al factor suerte. Mejor crécelos y hazlos grandes, y guárdalos en tu cabeza.

Otro caso es que no creas y no tengas confianza en ti, inclusive si eres de los que rechazan su condición de mexicanos por ser una nación conquistada, y para no “sentirte menos” hablas con acentos extranjeros y tienes comportamientos “extraños”, estamos hablando de que no crees en tu identidad como mexicano por un bajo nivel de confianza.

Tercera actitud, la puntualidad. De entrada, si vas con el pensamiento de que la otra persona va a llegar tarde o que si la otra persona llega antes que tu, que se espere, estás en un error. ¿Qué?. Sí, lamentablemente, por esta actitud, en el mundo de los negocios ya nos han etiquetado con el mote de “estás en puntualidad mexicana”, que es llegar media hora o una hora después de la hora acordada a las citas. Y luego por qué se pierden contratos importantes o se van clientes muy valiosos.

Cuarta actitud, el domingo del mexicano. Comúnmente se piensa que es el día para descansar y no hacer nada, pues es “dormingo”. Descansar es bueno para el cuerpo pero no hay que consentirlo tanto porque aunque sea lunes, martes o cualquier otro día, nuestra actitud es semejante a la de un “clásico domingo mexicano”. Hay tanto que hacer por nuestra familia; en nuestra casa, como limpiarla, decorarla, cortar el pasto o arreglar el coche; visitar museos, etc. Actividades que pueden ayudarnos a “combatir” la pereza mental del domingo.

En fin, puede haber muchas más actitudes que para ti sean “clásicas” pero por razones de espacio decidí agruparlas en esos cuatro grupos.

Si como mexicanos amaramos profundamente a nuestro país y estuviéramos orgullosos de nuestra historia y condición de mexicanos; si recordáramos más los éxitos que los fracasos; si viviéramos con el pensamiento de hacer que las cosas sucedan sacudiendo nuestra “pereza mental dominguera”, nuestras actitudes clásicas, definitivamente, serían otras. Todo es cuestión de querer, de asumir una actitud optimista, porque estoy seguro que podemos hacer un esfuerzo por corregir esa “etiqueta” que el mundo tiene de los mexicanos.

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La responsabilidad como actitud

Afrontar con responsabilidad las consecuencias de las decisiones, es una forma inteligente que distingue a los exitosos de los que no lo son. Esta diferencia permite entender que hay diversos niveles de profesionalismo. Acompáñame a descubrir su valor y el impacto que tiene esta actitud en tu Imagen pública.

Una de las mejores maneras de entender por qué a uno le acontecen ciertas cosas en la vida, es despertando nuestra capacidad de asombro y perfeccionar la lectura de estas situaciones, reconociendo qué tan positivas o negativas fueron sus consecuencias.

Saber leerlas, significa encontrarle uno o más mensajes a los signos y símbolos que componen dichas experiencias, aprendiendo lo más que se pueda de ellas, entendiendo que, probablemente, lo que te está pasando es lo que tiene que acontecer.

Esa madurez a la que me refiero, puede llegar muy temprano o muy tarde a nuestra vida, pero de que llega, llega. Y a veces en el momento menos pensado. Muchos profesionales la reconocen y se abrazan infinitamente a ella para triunfar, mientras que otros, que no tienen una pizca de profesionalismo, simplemente, la desprecian; están tan cegados que no la reconocen.

En mi opinión, veo una línea muy estrecha entre la madurez y la responsabilidad. Por no decir que son sinónimos, pero para mí resulta lo mismo. Por ejemplo, un recién egresado, sin experiencia laboral previa, carece de madurez, pero si capitaliza su formación profesional, lógicamente va haciéndose más maduro y consecuentemente más responsable.

También puede ser el caso que un “profesional” con bastantes años de experiencia, nunca se haya dejado tocar por la benevolencia de la madurez, esa que le ha permitido obtener logros y fracasos.

No me parece muy justo que las personas argumenten que su vida es una completa insatisfacción, sobretodo, cuando ésta les ha dado lo necesario, y mucho más, para vivir y salir adelante.

Tal vez estas personas no han sido lo suficientemente responsables con sus vidas. No han sido capaces de leer todas las señales y signos que se les han presentado. Por eso digo que la responsabilidad tiene niveles que diferencian abismalmente a los profesionales de otros que se dicen llamar así. Estos niveles son:

El primer nivel se llama humildad. Entender al muy puro estilo Séneca, que sólo sabemos que no sabemos nada. Este nivel de la responsabilidad, nos hace asombrarnos de que la responsabilidad comienza en el aprendizaje. Si estás iniciando tu carrera profesional; ingresaste a una nueva área; entraste a un nuevo trabajo, etc., debes saber que en ese comienzo, radica una gran responsabilidad por tu futuro.

El segundo nivel se llama compromiso. De nada sirve la responsabilidad si no hay compromiso con nuestra persona, profesión y trabajo. Y ese nivel debe de practicarse con extrema conciencia, ya que si se desea obtener lo mejor de otros, debemos de dar lo mejor de nosotros. Es un lindo intercambio entre el dar y recibir.

El tercer nivel se llama compartir. En este nivel tenemos la suficiente madurez para compartir responsablemente con otros, nuestra experiencia, conocimiento y vida. Con esta actitud, en el trabajo, se logra transferir, “heredar” a otros la responsabilidad que en muchas empresas es tan escasa, como una fruta exótica lo es en temporada alta.

Es por eso que las empresas están solicitando a gritos, y qué lástima que no lo publiquen en sus vacantes, personas maduras dispuestas a formarse, comprometerse y compartir la responsabilidad. En resumidas cuentas, personas con una Imagen Pública que los diferencie abismalmente de otros que, simplemente, mueren en su intento por desear ser alguien que nunca llegarán a ser.

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