La imagen de luto en el fútbol

Corría el año de 1990. Dos meses después del mundial de Italia, hubo una de las muertes más sonadas en el fútbol cuando Dave Longhurst, futbolista del Lincoln city, fallece de un ataque al corazón en pleno partido.

Después de ese lamentable suceso, tuvieron que pasar trece años para que el fútbol volviera a ser sacudido por otro hecho similar. En 2003, Marc Vivien Foe, seleccionado camerunés, muere durante plena Copa Confederaciones.

Pero pocos se imaginarían lo que venía. En años siguientes, cada dos años en promedio, uno o dos futbolistas profesionales morían en la cancha de un ataque al corazón.

Casos como el Miklos Fehér, Serginho, Antonio Puerta, Phil O´Donell, Hrvoe Custic, Clement Pinault, Dani Jarque hasta Piermario Morosini, han vestido de luto al rectángulo verde y también han lanzado una seria advertencia a quienes dedican su vida a este fabuloso deporte.

Hoy la percepción del futbolista sobre fútbol ha cambiado. Ya no sólo lo ve como ir a jugar y brindar espectáculo, hoy lo ve como una actividad arriesgada que en cualquier momento podría acabar con su vida.

Seguramente, hay un gran número de futbolistas que piensan dos veces antes de salir a jugar. La “huesuda” parece andar metida con todo en el fútbol, y sin importar nacionalidad, raza, género, edad, viene a cobrar vidas.

Este pasado fin de semana la muerte de Piermario Morosini ha dejado claro que los dirigentes del fútbol no pueden seguir siendo tan mezquinos en sus medidas como hasta ahora lo han sido.

Resulta increíble que una patrulla estuviera bloqueando una de las puertas y no pudiera entrar al estadio y salvar la vida de Morosini, y los rostros de confusión, incertidumbre y miedo reflejaban la impotencia de jugadores, entrenadores y cuerpo técnico. No puede ser.

Los chequeos médicos deben ser más estrictos y también es urgente la capacitación a directivos, entrenadores, cuerpo médico y jugadores sobre qué hacer cuando un compañero de profesión sufre un paro cardiaco.

El fútbol no puede quedarse de brazos cruzados y solamente expresar sus condolencias a las familias de los jugadores fallecidos. Tiene que ser más previsor y menos reactivo en sus decisiones. El jugador debe tener todos los medios a su alcance para sentirse protegido y no que el futbol esté atentando por su vida.

Ya no queremos más muertes. El fútbol es vida. Devuélvanos la esperanza…

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