Archivos para 7 marzo 2013

Raphael Varane, el perfil discreto de la identidad deportiva

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Tan sólo 20 años y ya juega para el Real Madrid. Raphael Varane ha sorprendido a propios y extraños al posicionarse en la vitrina de uno de los mejores clubes del mundo jugando al lado de los mejores jugadores del mundo.

El sueño dorado de muchos lo está viviendo el francés. Detrás de lo logrado por él, hay un trabajo humilde, además de que se le nota estar bien ubicado y no limita su éxito por ofrecer buenos partidos. 

El mejor combustible que este jugador francés puede tener es proyectar una imagen discreta. Esa que a veces se confunde con ser de perfil bajo, poco mediático, alejado de escándalos, evitar dar declaraciones de infarto, no tener un comportamiento extra cancha lleno de excesos, etc.

Quizá la forma de actuar de Varane obedece mucho a su infancia. A diferencia de muchos de sus compañeros futbolistas, el defensa francés ha tenido una vida en la que no ha sufrido de problemas económicos y ha contado con el apoyo de sus padres en su formación como jugador.

Aunque sería cándido considerar que ésta es la única razón por la que Raphael juega en el Real Madrid y en la que comienza a sembrar un campo lleno de esperanza en los que su imagen deportiva comienza a despuntar.

Todo jugador se ve expuesto a excesos cuando goza de algo de fama y, desde luego, algo de poder, y pareciera que estas dos condiciones los desenmascaran y se muestran tal y como son.

Cuando hay consciencia y más dirección en cuanto a una estrategia de imagen deportiva y se piensa más en las consecuencias de las acciones que en los impulsos, el camino suele ser más lento pero mucho más disfrutable al llegar al final de la meta cumplida.

Raphael Varane se convierte en el acierto de Zidane quien lo observó en el Lens francés y en la buena puntería de Mourinho para saberlo llevar y colocarlo en el momento adecuado.

Los signos del joven jugador francés han sido extraordinarios. Nunca se le ha visto desesperado, ni reclamando un puesto titular por sus buenas actuaciones, de manera que su buen paso se convierte en la confirmación de Zidane, Mourinho y el propio jugador.

Por eso, Raphael Varane es una identidad deportiva con mucho futuro que a este paso y siguiendo proyectando discreción, se posicionará como un jugador que trasciende con muchas más ganas y consciencia, en lugar de optar por el camino fácil y el de los excesos.

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La imagen de Billy Álvarez es la de Cruz Azul

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La imagen del dueño será la imagen de su club y sus integrantes. El liderazgo, la personalidad, acciones hechas y no hechas, impactarán directamente en sus resultados y en su reputación deportiva.

La realidad es contundente y el panorama luce desolador para el cuadro celeste. Su dueño, Billy Álvarez, está acusado desde hace un tiempo por manejos fraudulentos además de estar atascado en un mar de problemas con la Cooperativa celeste.

La crisis de resultados y críticas a su equipo dejan ver lo mal que están las cosas en el fondo de la institución y lo impotentes que resultan los esfuerzos semestre a semestre por “maquillar” la forma del equipo con contrataciones espectaculares y jugadores de gran nivel.

Este tipo de acciones son similares a las que cualquier persona con un dolor de muelas quisiera acabar con sus males tomando solamente una aspirina y vuelve a insistir una y otra vez en lo mismo.

Billy Álvarez cada vez es menos visible. Antes se le veía en presentaciones de jugadores, en el palco del Estadio Azul, en eventos públicos, ofreciendo conferencias de prensa y manteniéndose cercano al aficionado. Hoy es todo lo contrario, y ni siquiera se le ve en actos públicos de cualquier naturaleza.

Cruz Azul ha tratado de encontrar fórmulas en lo deportivo para “disfrazar” su realidad pero, así como su dueño, no quiere encararla como se debe y como el aficionado realmente espera: dando la cara. Un gran mensaje de desinterés.

No en vano han sido los resultados de por qué Cruz Azul ha perdido tanta afición en los últimos años. Lo preocupante de esto es que no se ven signos de recuperación o un cambio de actitud por buscar que las cosas sean vistas de mejor manera.

El estado de la imagen de Billy Álvarez es crítico y esto se ha replicado en la reputación de su club.

Cruz Azul se ahoga y no merece esto, ni su historia, ni sus jugadores, integrantes y su gran afición que ha tenido que soportar durante quince años las burlas y bromas de todo tipo por mantenerse fieles a su equipo.

Una llanta con tantas pinchaduras no puede seguir su marcha. Aun cuando la carrocería siga siendo llamativa tarde o temprano el auto detendrá su marcha y quizá en el momento menos pensado.

Una imagen deportiva no es para siempre…

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Superestrellas que caducan

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Nadie lo imaginó, ni siquiera el fundador de un club de los optimistas hubiese pensando que superestrellas de antaño como Pelé, Maradona, Eusebio y Hugo Sánchez no tuvieran las suficientes habilidades para ser entrenadores.

¿Cómo puede ser que grandes jugadores no puedan estar a la altura de ser grandes entrenadores? La historia se empeña en recordárnoslo y la imagen que asocia gran jugador con gran entrenador sigue sin coincidir y ser congruente.

Todo equipo sueña con tener a alguno de estos personajes de gran calibre y ser entrenado por ellos. Compartir la banca, participar juntos en concentraciones, viajar en avión o en autobús, escuchar la charla técnica y motivacional, es el sueño de todo jugador profesional. Es más, hasta sirve para presumir el currículum y hasta contarle a los nietos.

Pelé y Eusebio descubrieron a temprana edad que no tenían los conocimientos y habilidades para ser entrenadores y rápidamente se hicieron a un lado. Un ejercicio honesto para poner el orgullo a un lado y aceptar que no se tiene la capacidad.

Maradona y Hugo Sánchez, más obstinados con el éxito, han tenido un poco más de suerte, sin embargo, su rendimiento ha venido de más a menos. De acuerdo a los últimos resultados, todo parece ser que su personalidad no es compatible con el club que entrenan.

Y es que un jugador que después se convierte en entrenador puede modificar la imagen a la que nos acostumbró. Sí a la del triunfo y éxito. Como jugador el fracaso puede ser más disimulado pero como entrenador es más visible, ya que la gente exigirá muchos más éxitos que derrotas.

Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar o Wayne Rooney, seguramente tendrán que pensar con qué imagen desean vivir el resto de sus días buscando cuál es el camino idóneo para tener visibilidad y hacer que su branding personal sea permanente, ya que su condición de superstrellas caducará.

Ser entrenador es un camino arriesgado para la imagen deportiva, sin embargo, no es prohibido. El reciente caso de Hugo Sánchez, hoy apagado y fuera  de la escena deportiva, lo demuestra pero, en el fútbol, nada está escrito y puede haber excepciones que modifiquen la regla. Lo que es una realidad es que las superestrellas de hoy tienen fecha de caducidad y la gloria no será para siempre.

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