Archivos para 19 diciembre 2013

Regálame tu zapatos, Ronaldinho

 

El silbatazo final del encuentro entre Raja Casabalanca y Atlético Mineiro en el Mundial de Clubes decretaba la victoria para los primeros y la vuelta a casa para los segundos. Increíble pero cierto.

Los rostros reflejaban alegría de un lado y del otro frustración. De este lado de la pantalla de televisión, aficionados como yo no dábamos crédito que un club desconocido le haya ganado al campeón de la Copa Libertadores.

Las cámaras de televisión buscaban al protagonista principal del partido: Ronaldinho. El brasileño aparecía rodeado y abrazado por varios jugadores del equipo marroquí quienes le pedían a gritos su camiseta y le desabrochaban sus zapatos Nike.

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El ex jugador del Barcelona miraba con asombro la escena y, aunque era obvio que pudo haber reflejado tristeza o enojo, su rostro dibujaba una gran sonrisa, el elemento más destacado de su identidad deportiva.

Y es que la sonrisa es a Ronaldinho como la caipirinha es a los brasileños, o los tacos para los mexicanos. Son como los mejores amigos, inseparables, cómplices y compañeros de vida.

Hoy, la carrera de Dinho está en el ocaso. Duele aceptarlo pero es la realidad. Cualquier gesto que tenga durante este tiempo, como el que tuvo hoy en el mundial de clubes, viene a hacer que jugadores como él se extrañen por su gran carisma.

Posiblemente sea difícil volver a ver a Ronaldinho en otro Mundial de clubes, quizá no lo veamos en el próximo mundial, pero espero encontrarlo algún día para decirle: “Hey Dinho, regálame tus zapatos”

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Los cambios en la imagen de Pep Guardiola

 

ImagenLa imagen es dinámica. Todo lo que no cambia tiende a ser aburrido y pierde valor y atención. Se extingue tan rápido como una vela.

Como entrenador del Barcelona, Pep Guardiola proyectaba una imagen vanguardista y refinada con el cabello rasurado, la barba semi crecida y una combinación semi formal. Fuera del terreno de juego mostraba una variedad de estilos en su vestimenta que oscilaban entre los estilos romántico y natural.

En el banquillo azulgrana o se le amaba o se le odiaba. Con sólo mirar su presencia, a algunos caía mal. Su extrema seguridad y confianza tanto en lo que decía y hacía lo convertían en un ser difícil de superar en términos imagológicos. Hacerse enemigo de él se convertía en una pesadilla, era estar en un laberinto en el que la mejor salida era llevar la fiesta en paz.

El comportamiento reflejaba a un Pep con más libertad e intensidad, una identidad deportiva que vivía de manera apasionada los partidos y no había festejo en el que no desparramara una extrema felicidad.

Cuando hablaba en medios su lenguaje corporal era repetitivo y se percibía controlador de cada situación, de cada detalle y daba la impresión de que preparaba sus discursos como si se tratase de un examen final en el que sólo el diez es válido.

Ahora como entrenador del Bayern München luce una imagen moderna con más énfasis en la elegancia y la experiencia. Cabeza calva, la barba refinada, traje de tres piezas con un pañuelo en el bolsillo, abrigo y bufanda, comunican madurez, seriedad y autoridad.

En la banca blanquirroja comienza a posicionar una identidad deportiva con un estilo propio, tradicionalista, acorde al protocolo de vestimenta y comportamiento marcados por su actual club.

Guardiola no luce tan libre en la banca. La rigidez, perfeccionismo e imagen fría de los alemanes lo tiene intranquilo y no lo hace ver tan contento como aquellas noches en el Camp Nou en Barcelona.

Al expresarse en medios de comunicación luce vulnerable y con menos control de la situación. La postura jorobada y fruncir el ceño son parte del lenguaje corporal que ya le conocemos, sin embargo, ahora su contacto visual no es constante.

Pep Guardiola parece que quiere seguir extendiendo su legado en tierras germanas pero su imagen deportiva actual da la impresión de que no él no se ve mucho tiempo ahí.

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